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sábado, 1 de agosto de 2015

Soplo de vida

Ven mi amor,
dame un soplo de vida
que me lleve hacia otros mundos.

Dirígime sin temor
sacándome de mi mente confundida,
haciéndome tuya cada segundo.

Presa estoy de tu anatomía,
divaga mi ser con locura
por los senderos de tus curvas.

Impregnada en tu perfume
quiero ser caricia al alma
que cubre tus heridas.

Y tal vez, algún día
seremos ángeles
volando por aires nuevos
siendo quiénes somos,
y ni muchos menos.


Antonella Duarte


viernes, 3 de febrero de 2012

Dos palabras

La luna me abraza por las noches
y la siento tan dentro de mí
que como fuego estalla mi corazón,
consciente de tanto dolor.

Acaricia mi alma dolida,
cansada y destruída.
Besa los escalofríos
que la vida ha dejado sobre mi espíritu.
De sus ojos una luz nace
que resplandece en la noche brillante.

Sus manos de algodón rozan mi piel
y su mirada cautiva mi espíritu abandonado.
Sus labios dulces como la miel
dicen en dos palabras todo lo que he callado: te extraño.

Antonella Duarte


jueves, 29 de diciembre de 2011

Glorioso cielo infinito

El cielo, pintado de azul profundo
fue testigo omnisciente
de la maldad con la que tu corazón
rompió mi sonrisa y destruyó mi amor.

Cayó mi alma y surgieron las lágrimas.
Gotas de rocío, de mis ojos se desprendieron
para convertirse en gotas de vida
que se evaporaron para llegar al cielo.

Donde en nubes victoriosas se transformaron.
Llevan consigo el honor de una batalla,
el dolor de un adiós
y el feliz regreso del amor.

Ya es verano y el fervoroso sol
resplandece en el glorioso cielo infinito.
Las aves despliegan sus alas,
saboreando la libertad y la cálida esperanza.

Antonella Duarte

lunes, 11 de julio de 2011

Extraña belleza

La luna se vistió de hada,
las estrellas de princesas.
Y la noche, asombrada,
vió lucir toda su belleza.

Festejaban todos los astros,
por la noche que rejuvenecía.
Pero el revivir de la noche era puro teatro,
en su interior se escondía su gran melancolía.

Y sin más, terminó la fiesta.
La luna regresó a su vestido blanco,
aquel vestido desteñido y manchado.
Las estrellas dejaron las coronas a un lado.
Y en ese lapso, la luz del alba asomó en el cielo,
ésta era signo de que había terminado el festejo.

Y la noche, una vez más, se quedó sin belleza,
paralizada y congelada.
La noche se vió inmersa en la nada
y como siempre, fue olvidada.

Antonella Duarte

martes, 29 de marzo de 2011

Ante mí

Ante mí, mil remolinos girando
y no puedo captar en que dirección lo hacen.
Ante mí, miles de estrellas
y no puedo ver de qué colores son.
Ante mí, miles de voces bellas
y no puedo escuchar qué dicen.
Ante mí, miles de rosas
y no puedo oler sus aromas.
Ante mí, ante mis ojos, ante mi nariz
estás vos, con tu sonrisa encantadora
con tu boca fogosa
con tu cabello rebelde.
Ante mí, estás vos
y ante vos yo no estoy.

Antonella Duarte

lunes, 14 de febrero de 2011

La voz de tu mirada

Por unos instantes,
oí tu desaforado grito interior,
y tu llanto descorazonado
con tan solo ver tus ojos apenados.

Y sin decir una palabra,
entendí lo que te pasaba,
lo que se escondía en tu alma,
lo que estaba oculto bajo la almohada.

Escuchando la voz de tu mirada,
y comprendiendo su lenguaje,
supe lo que callaste
con tan solo mirarte.

Lo que se calla, se silencia y se esconde,
queda al descubierto a través de la mirada,
donde brilla la luz y duerme el alma
allí, se esconde una lágrima.

Es posible ver
a través de los ojos
lo más profundo de nuestro ser.

Antonella Duarte

sábado, 5 de febrero de 2011

Agoniza mi arte

Cuando todo es confuso,
y las palabras no alcanzan
para expresar lo que nos pasa,
hay que cerrar los ojos
y tener presente una melodía
imaginarnos en un lugar,
olvidarse de las melancolías.

Ella se refugiaba en las palabras,
pero llegó un día en el que las palabras,
dejaron de ser su amparo
y tan solo pasaron a ser letras del pasado.

Cuando todo es confuso,
y las palabras no alcanzan
para expresar lo que nos pasa,
hay que cerrar los ojos
y tener presente una melodía
imaginarnos en un lugar,
olvidarse de las melancolías.

Ella hacía de las letras
la mejor manera de contar sus penas,
pero ahora que sus penas no son sustanciales
agoniza el arte de sus humanidades.

Cuando todo es confuso,
y las palabras no alcanzan
para expresar lo que nos pasa,
hay que cerrar los ojos
y tener presente una melodía,
imaginarnos en un lugar,
olvidarse de las melancolías.

Antonella Duarte.

viernes, 14 de enero de 2011

Un florecido sueño

Alguien se apodera de mis palabras,
al fin, mis versos consiguieron dueño
ya no hay penas macabras,
sólo un florecido sueño.

Un nuevo habitante en mi mente,
un inquilino en mi corazón
ese alguien que me tiene impaciente,
ese alguien que me ha quitado la respiración.

Lo siento en mí,
y mis ojos lo ven,
no lo escucho hablar,
pero sé que es él.

Alguien se apodera de mis palabras,
al fin, mis versos consiguieron dueño
ya no hay penas macabras,
sólo un florecido sueño.

Antonella Duarte.

domingo, 9 de enero de 2011

Lágrimas de ceniza

En la oscuridad de la noche,
cuando el sol descansa y la luna trabaja,
cuando las estrellas tintinean
y los pájaros queman su canto en la hoguera,
mi alma se despierta y se revela,
le transmite a mis ojos sus penas
y mi rostro acaricia
mis lágrimas de ceniza.

Antonella Duarte

lunes, 3 de enero de 2011

Amor mío

Amor mío,
llévame a pasear.
Tus caricias como un río
quiero yo navegar.

Amor mío,
inunda mi ser con tu perfume
y con tus cálidos besos quita el frío
que la vida ha dejado sobre mi espíritu.

Amor mío,
en tus reconfortantes brazos quiero dormir,
para que el fuego de tu piel despoje los escalofríos,
y en un nuevo latido comenzaré a vivir, amor mío.

Amor mío,
soñé tanto con encontrarte
y hoy viniste para llenar este vacío
a darle un nuevo sentido a lo que yo daba por perdido.

Amor mío,
deseo que lo nuestro no sea sólo un amorío,
sino un amor sincero
y con muchos "te quiero".

Amor mío...

Antonella Duarte

jueves, 30 de diciembre de 2010

Dulces versos

Si tus ojos fueran perlas
y los míos diamantes,
¡qué lindo sería encontrarme en tu mirada!
y a través de tus bellos ojos conquistar tu alma.

Si tus manos fueran de seda
y las mías de algodón,
quisiera que me acaricies
y en esa caricia vivir nuestra pasión.

Si tus labios fueran de fresa
y los míos de cereza
quisiera que me besaras
y sentir su sabor en cada mañana.

Antonella Duarte.

Renacer

Pensando en todo lo que tenía,
sentía que algo me faltaba.
Como esa rosa que no florecía
al no tener al sol todos los días.

Sentía un profundo vacío.
Me sentía igual que un árbol en otoño,
viendo como sus hojas caían,
viendo como sus hojas se desvanecían.

Pero con la firme esperanza de la primavera,
en dónde él reviviría.
Y cómo en el árbol, la primavera llegó a mi vida.
Y trajo consigo ese camino hacia mi felicidad.

Acabo de descubrir ese camino,
que es todo lo que necesito.
Lo transitaré y llegaré a la meta,
y por primera vez me sentiré plena.

Y como las hojas del árbol,
volveré a nacer o reviviré.
Como la rosa, creceré.
Y como el viento, volaré.

Me dejaré llevar por mis sentimientos,
que esa brisa revoltosa me lleve hasta el cielo,
dónde agradeceré a las estrellas por haber cumplido mi deseo,
dónde recuperaré mi alma que vagaba por el tiempo.

Antonella Duarte.

Palabras que pretendían ser poesía

Entre hojas de viejos libros,
descansan los restos de esas palabras,
palabras, que pretendían ser poesía
palabras, que no son más que puras tonterías.

Escribo letras imperfectas,
pretensiosas y ambiciosas.
Quisiera enterrarlas en el olvido,
pero ellas son mi lenguaje más expresivo.

Siento que lo que escribo
no es lo que yo espero escribir.
Me siento como aquél árbol,
que en otoño
sueña con ver sus hojas con la mejor tonalidad
pero sabe que lo que sueña no se hará realidad.

Yo espero mucho más de mí al escribir.
Espero mucho más de este secreto que me inquieta
quiero y no quiero que sea revelado, pero quiero sentirme completa
Y deseo poder gritar a los cuatro vientos: tengo alma de poeta.

Entre hojas de viejos libros,
descansan los restos de esas palabras,
palabras, que pretendían ser poesía
palabras, que no son más que puras tonterías.

Antonella Duarte.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Cálido abrazo

Abrázame fuerte
y no me sueltes.
Quiero permanecer cobijada en tus brazos
y en éste cálido abrazo fundir nuestro amor.

Qué la luna sea testigo
del compromiso que asumimos
cuando los dos al oído
susurramos nuestro cariño.

Y serás mi rayo de sol cuando haya frío,
serás la luz de mis ojos en la oscuridad,
serás eso que elegí para mi vida,
serás eso y mucho más.

Antonella Duarte.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Luna de esperanza

Por las noches veo a la luna,
ella con su cara espléndida e iluminada
recorre las calles en busca de esas personas como yo,
que han perdido las esperanzas de un amor.

Ella se acerca y me acompaña,
se apodera de mí y lleva mi espíritu consigo.
Ella en su baúl, guarda los corazones desconsolados
y entre millones, se encuentra el mío.

¿Y yo?
Yo quedo sin alma por un rato,
pero en la luz del alba, ella regresa lo que es mío.
Y cuando recibo mi corazón,
siento como el fuego quema en mi interior.
Y de lo que tanto mal me hacía,
ya solo quedan cenizas.

Y todas las noches,
salgo a la calle,
para que la luna restaure
eso que es mío y llevo adentro
eso que tengo y me late,
el corazón de una niña
con sabor a chocolate.

Antonella Duarte.

martes, 21 de diciembre de 2010

Aire tétrico

Un suspiro del alma emergió de las tinieblas,
la oscuridad quedaba allá, a lo lejos, a la distancia.
Las paredes sombrías ahuyentaban lo verdadero,
todo era una ceremonia sin pena ni gloria.

Ellos tenían un aire tétrico en la mirada,
el ambiente lúgubre los paralizaba.
El luminoso techo era un contraste con la realidad,
o la realidad era un contraste con la falsa ilusión.

Y con el paso de los días,
el ambiente retomó su color,
o quizás el color volvió al ambiente.
Sea lo que sea, estoy satisfecha.

Antonella Duarte.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Tristes versos

La noche es oscura y tenebrosa,
lleva consigo el miedo que le impide ser feliz.
Hoy en el cielo no ha cabido una estrella,
pero en mi pecho un mal me acecha.

Hoy como nunca, sentí latir mi corazón,
que está inmerso en un agonizante naufragio.
Pareciera que aquella flor que un día creció,
hoy, sin más remedio, se marchitó.

Es muy triste sentir esto que hoy siento,
hasta ahora, no existe consuelo que pueda calmar mi dolor.
Tengo mucho miedo,
de que el miedo termine de destruir mi interior,
de que la felicidad que construí
un día se desmorone y tenga su fin.

Hoy le ruego al sol que cada día nos ilumina,
que me proteja, me acobije, me brinde su calor.
Tan sólo soy un alma desprotegida,
con una gran necesidad de amor.

Sin más, termino estos versos tristes
y junto con ellos termina esta flor.
Termino estos versos tristes,
porque para tristezas estoy yo.

Antonella Duarte.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Lluvia del cielo

Lluvia del cielo, gotas de la vida.
Tú que derramas sobre los campos tu fortaleza
con pequeñas pero vitales salpicaduras,
envuélveme bajo el placer de tu frescura.

Oh, lluvia del cielo,
déjame sentirte sobre mi piel,
deja que mi alma resucite
y conviértela en un espíritu tan dulce como la miel.

Precipita sobre mi rostro y llega hasta mi interior,
transforma las impurezas en una verdadera transparencia,
Oh, lluvia del cielo,
limpia mi ser, como solo tú lo sabes hacer.

Hazme un lavado de espíritu
y déjame en condiciones para amar,
saca de mí todo el temor,
y riega mi espíritu con valor.
Que en mi vida reine la ilusión
de que algún día el miedo dejará de ser una cuestión.

Antonella Duarte.

Sonriéndole al mundo

Recuerdo las palabras de un amigo:
sonriendo se vive mejor.
¿Pero cómo sonreír cuando llevas adentro a tu enemigo
el que a tu vida le quita el color?

Yo le pregunté:
¿Por qué me sonríes?
Y él me contesto:
Porque sé algo que tú no sabes.

Según él, sonreír le hace bien al músculo más importante del cuerpo:
el corazón, sonreír cuesta poco y da mucho.
La sonrisa es el espejo del alma.
La sonrisa rompe barreras y conquista más de lo que crees.
Él me dijo que una sonrisa dura muy poco... y tiene razón,
pero una sonrisa podría permanecer en la memoria de alguien toda una vida.

Por todo esto es lindo sonreír, ¿verdad?
Yo sonrío cuando sueño o cuando cuento mis sueños.
Según él, cuando sonreímos los ángeles que estaban ahí,
parados, comienzan a bailar.

Su sonrisa se ve a través de sus ojos
cuando se encuentran con los míos
y luego se guarda en el fondo de mi imaginación.

Y después de todo, ahí estoy yo,
sonriéndole al mundo,
como si nada huebise pasado,
como si fuera realmente feliz.

Antonella Duarte.

martes, 7 de diciembre de 2010

Dejé todo por un tiempo

Dejé de ver el arco iris por un tiempo.
Dejé de oír el canto de los pájaros por un tiempo.
Dejé de mirar a los ojos por un tiempo.
Y en este tiempo dejé tantas cosas...

Dejé de ver más allá por un tiempo.
Dejé de escuchar mi voz por un tiempo.
Dejé de lado la serenidad por un tiempo.
Y en este tiempo dejé tantas cosas...

Dejé de ver un cielo estrellado por un tiempo.
Dejé de cantar mi propia canción por un tiempo.
Dejé de encontrarle lo bueno a las cosas por un tiempo.
Y en este tiempo dejé tantas cosas...

Simplemente, dejé.
Dejé todo lo que me hacía bien, lo dejé.
Dejé de vivir, lo sé. Eso lo dejé.
Dejé de ser yo, dejé de lado mi buen humor.
Dejé todo lo que había construido, lo dejé.
Dejé lo más importante: mi ser.

Dejé todo por un tiempo, o el tiempo fue quién alejó todo.
Sea lo que fuese, una parte de mí esta vagando por el cielo.
Y esa parte de mí esta muriendo en una agonía.
Pero yo, yo sigo acá. Invisible quizás. Pero estoy.
Y el dejar todo por un tiempo puede que sea la mejor opción
porque mi humanidad pide un poco de compasión.

Antonella Duarte.